Google+ Google+

31 enero 2008

Se acabó el Tomate

Hoy, Carmen Alcayde y Jorge Javier Vázquez se despiden del programa "Aquí hay tomate" de TV5 dejando atrás más de mil ediciones y una audiencia considerable entre simpatizantes, detractores y víctimas propiciatorias.

El Tomate, actual líder en chismografía ha significado después de Tómbola, programa de Canal9 de finales del siglo pasado, un giro en el concepto televisivo de la llamada eufemísticamente "prensa del corazón" creando escuela de un subproducto periodístico que si bien ha dado entretenimiento a unos y trabajo a otros, en mi opinión, no ha aportado nada constructivo excepto elevar el chisme al cuarto poder.


Nada que objetar al trabajo realizado por el tándem formado por Alcayde y Vázquez, satíricos y viperinos con gracia, frescura y agilidad. Virtudes, las últimas, que últimamente se perciben algo impostadas a causa del progresivo declive del programa y del caché de los protagonistas. Cinco años de tamaño contenido quema hasta al mejor de los profesionales.

El poder de la información, siempre temido y deseado, en España abrió nuevas vías en los tramos más populistas a finales de los 70 gracias a la televisión y a la desaparición de publicaciones como El Caso. Los índices de audiencia y dividendos consiguientes se dispararon con el formato de Tómbola en 1997 con Karmele Marchante, Jesús Mariñas y Lidia Lozano, rompiendo moldes en la ética periodística y las buenas formas.

A medida que iba creciendo la demanda de historias inconfesables y trapos sucios de los famosos, la pequeña pantalla era presa de una metamorfosis endémica hasta que a finales de 2003 con el Tomate degeneró tanto el tejido informativo que la atrofia ya fue irreversible.

Hoy, las principales cadenas públicas y privadas están saturadas de programas repetitivos hasta la saciedad con un denominador común, la dictadura de la mediocridad y el escarnio como reclamo telecomunicativo.




A la distribución y consumo de formatos rosa-amarillo se le han sumado los sectores de marketing político, forzando a los profesionales del periodismo a formar guerrillas por la primicia. Hay quienes justifican este despliegue alegando que mileuristas y galgos con amos televisivos sobreviven gracias a contenidos de tan baja catadura.

Afortunadamente no estamos en tierras de Hollywood ni en los años 40, ni la Alcayde ni JJ Vázquez han hecho uso del poder como lo hiciera aquella glamorosa y antagónica pareja formada por la periodista Louella Parsons y la actriz Hedda Hopper, que en sus tiempos álgidos mantuvieron las riendas del poder y de la moralidad en círculos sociales que las temían y admiraban a la vez.





La historia apunta que Parsons y Hopper fueron las precursoras del género cotilleo en los medios de comunicación. Eran maquiavélicamente divinas y consiguieron sendas estrellas en el Hollywood Walk of Fame de Hollywood, gracias a sus transgresiones pero seguro que jamás se les ocurriría poner en portada ni calificar de "memorable" imágenes de Aída Nízar bailando sin bragas.

Hay que ir pensando seriamente si seguimos alimentando este tipo de contenidos, la proliferación de pseudo divinos y advenedizos sin demasiados escrúpulos. Basta con pulsar un botón y sentarse cómodamente a leer un libro o un buen blog.








AddThis Social Bookmark Button